Macarrones con queso, una pizza margarita o una quesadilla de queso: estas opciones pueden sonar muy apetitosas para la cena. Al fin y al cabo, el queso puede ser tan tentador como satisfactorio. Sin embargo, si usted tiene enfermedades cardiovasculares, también conocidas como enfermedades cardíacas, probablemente siga una dieta saludable enfocada en la salud del corazón. Es posible que piense que el alto consumo de queso está prohibido para usted.
“¿Alguien aquí come queso?”, preguntó un miembro de MyHeartDiseaseTeam. “Antes me encantaba, pero ya no lo como. Es malo para el colesterol, o eso dicen”.
Puede que le sorprenda saber que el queso no siempre es malo para la salud cardiovascular. Como ocurre con muchos alimentos, el efecto del queso sobre la salud del corazón y el riesgo de enfermedad cardiovascular es más complejo de lo que parece. Así que, antes de rechazar el requesón o cortar con el cotija, siga leyendo.
Uno de los principales factores detrás de las enfermedades cardiovasculares es una dieta rica en grasas saturadas. Estas grasas, que son sólidas a temperatura ambiente, se encuentran sobre todo en alimentos de origen animal. Por eso, suelen formar parte de la lista de alimentos que los profesionales de la salud recomiendan limitar o eliminar cuando existe riesgo de enfermedad cardíaca. Entre estas grasas se incluyen los productos lácteos, como el queso y la leche entera.
Consumir queso con demasiada frecuencia, sobre todo variedades con alto contenido de grasas saturadas y de sodio, puede aumentar los niveles de colesterol LDL, conocido como el “colesterol malo”. Su cardiólogo o proveedor de atención médica puede explicarle que el cuerpo necesita cierta cantidad de colesterol LDL para funciones normales, pero en exceso puede acumularse en las paredes de los vasos sanguíneos, afectar el flujo sanguíneo y aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.
La American Heart Association recomienda obtener solo el 6 por ciento de las calorías diarias de grasas saturadas. Esto significa que, en una dieta de 2,000 calorías al día, no más de 120 calorías (o alrededor de 13 gramos) deberían venir de grasas saturadas. Si usted tiene enfermedades cardiovasculares o un mayor riesgo de enfermedad cardíaca, muchos cardiólogos recomiendan limitar aún más el consumo, a un máximo de 10 gramos diarios.
Por eso, si decide incluir queso en su dieta saludable, conviene elegir con cuidado el tipo de queso. Las opciones con menor contenido de grasas saturadas, como la ricotta o el requesón, suelen ser mejores para la salud del corazón que los quesos con alto contenido de grasas saturadas, como el queso cheddar o el brie. Estos quesos más grasos pueden elevar el colesterol LDL y los triglicéridos, lo que aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular a largo plazo.
También es importante fijarse en el contenido de sodio. Algunos quesos, como el feta o ciertos quesos procesados en lonchas, tienen un alto contenido de sodio (sal), que se mide en miligramos por porción. La sal añade sabor al queso. Pero un exceso de sodio puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular, especialmente en personas con problemas de salud cardíaca.
Para cuidar su salud cardiovascular, puede optar por quesos con menor contenido de sodio, como el queso de cabra, la ricotta o la mozzarella fresca. La mozzarella fresca y el queso mozzarella, en general, suelen tener menos sal que los quesos curados o los quesos duros.
Algunos miembros de MyHeartDiseaseTeam han encontrado formas de mantener un consumo de queso moderado dentro de una dieta rica y equilibrada. “Yo todavía como queso, pero no todos los días. Me encanta tomarlo con muchas cosas”, comentó un miembro. “Procuro comer queso en bloque y en pequeñas cantidades. Creo que está bien consumirlo con moderación”.
Hay buenas noticias si ha estado evitando el queso y le gustaría, al menos, espolvorear un poco de parmesano sobre una comida como parte de una dieta saludable para el corazón. Estudios recientes sugieren que el consumo de queso no siempre es negativo para la salud cardiovascular. De hecho, disfrutar de pequeñas porciones de ciertos tipos de queso, como los quesos azules o la mozzarella, podría incluso beneficiar la salud del corazón.
Una revisión paraguas que evaluó 54 metaanálisis y análisis agrupados encontró que comer queso se asoció con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y de accidente cerebrovascular. Además, el consumo de queso no se relacionó con un mayor riesgo de presión arterial alta. Los resultados mostraron que comer alrededor de 30 gramos de queso al día redujo el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 3 por ciento.
La clave está en elegir el tipo de queso adecuado y controlar el tamaño de la porción. En general, es mejor optar por quesos naturales o no procesados en lugar de quesos procesados. Los quesos no procesados, como el brie, el feta, el queso de cabra y el parmesano, suelen tener menor contenido de sodio y aportan más calcio y proteínas. En cambio, los quesos procesados —como el queso americano en lonchas, los quesos para untar enlatados o las salsas de queso fundido— suelen tener un alto contenido de sodio, grasas saturadas y conservantes, lo que no favorece la salud cardiovascular.
Antes de comerse una rebanada de pizza o un sándwich de queso a la plancha, conviene hablar con su cardiólogo o proveedor de atención médica sobre sus necesidades específicas de salud del corazón. Un profesional de la salud puede ayudarle a incluir el consumo de queso dentro de una dieta saludable sin aumentar su riesgo de enfermedad cardiovascular.
Aunque el alto contenido de grasas saturadas en algunos quesos puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca, los productos lácteos también son una buena fuente de calcio. El calcio no solo fortalece los huesos, sino que también puede beneficiar la salud cardíaca de varias maneras:
Para aprovechar mejor el calcio, se recomienda elegir quesos duros como el parmesano o el suizo.
Además del calcio, el queso es una buena fuente de proteínas. Notará el efecto de la proteína en cuestión de minutos al comer un palito de queso o tomar un refrigerio rápido de queso con galletas. Como la proteína se digiere lentamente en el cuerpo, usted se sentirá satisfecho más rápido y por más tiempo.
Las proteínas también pueden ayudar a contrarrestar algunos de los efectos negativos de las grasas saturadas. Consumir demasiadas grasas saturadas puede elevar el colesterol LDL y favorecer la acumulación de placa en las paredes de las arterias, lo que afecta la salud del corazón. La proteína del queso puede ayudar a reducir la inflamación al limitar la acumulación de líquidos en los tejidos. Un estudio con cerca de 2,000 personas encontró que quienes consumían más proteínas presentaban menores niveles de inflamación.
Un miembro de MyHeartDiseaseTeam comentó que prefiere empezar el día con alimentos ricos en proteínas y bajos en sodio. “Para el desayuno, evito las carnes procesadas como el tocino o la salchicha”, explicó. “Mejor elijo opciones como un omelet de claras de huevo con verduras y un poco de queso bajo en sodio, como el suizo”.
Consulte siempre con su cardiólogo o con un dietista sobre los alimentos más adecuados para su salud del corazón. Ellos pueden orientarle sobre su dieta teniendo en cuenta su estado de salud, otros problemas médicos que tenga y sus objetivos de tratamiento. Recibir recomendaciones personalizadas facilita adoptar hábitos saludables que se adapten a su estilo de vida.
En MyHeartDiseaseTeam, las personas con enfermedades cardíacas comparten sus experiencias, reciben consejos y encuentran apoyo de quienes comprenden su situación.
¿Le gusta el queso, pero le preocupa incluirlo en su dieta? Responda en los comentarios a continuación.
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